Minotauro.

Tùy Chỉnh

La historia no es sacada de internet ni nada, es un hecho vivido en carne propia. Yo tenía aproximadamente seis años, era un niño común como cualquier otro en el mundo hasta que me cambié de casa, era muy cómoda y grande, pero tenía algo muy extraño, aun teniendo los cuartos vacíos, si se hacía algún ruido no generaba eco como normalmente pasa.
Mis padres normalmente no estaban en casa, mi padre se iba a trabajar y mi madre siempre estaba con la vecina de en frente. Una tarde estando solo en mi casa, aun cuando había luz del día, terminaba la tarea cuando de repente escuché que alguien golpeaba la pared con algún objeto pesado, al principio no hice caso pero cada vez el ruido era más fuerte. Empecé a asustarme pues no teníamos vecinos y no había nadie en mi casa, la puerta de mi recámara estaba entreabierta y me dispuse a abrirla cuando de pronto una mano blanca salió por detrás de la puerta y  me hizo una señal de que no pasara, y de repente !pum!, se cerró la puerta de un fuerte golpe.
Rápidamente regresé a mi comedor con mucho miedo, como veía que mi madre no regresaba me armé de valor y fui a la recámara, justamente la parte de adentro de la puerta estaba quebrada, eso era imposible pues la puerta era maciza y de roble, una persona no podría romperla, se necesitaba de alguna herramienta para poder hacerlo, esperé a mis padres y les conté lo sucedido, obviamente no me creyeron y salí regañado. En la noche como castigo por lo sucedido me encerraron en mi recámara con llave. Tenía mucho miedo, intentaba dormir pero me sentía incómodo. Comencé a escuchar que respiraban en mi oído, pensé que era un insecto o algo así pero incluso al taparme hasta la cabeza, se escuchaba el respirar junto a mí, y pasó de ser una simple respiración a murmullos, terminando en gritos, los cuales hicieron que me tapara los oídos. Mis padres escucharon y pensaron que era yo, abrieron la puerta y para su sorpresa había algo junto a mí, lo describieron como un minotauro sólo que con ojos amarillos y envuelto en llamas, de un parpadeo desapareció frente a ellos.
En la mañana siguiente llevaron a un cura para que bendijera la casa pues pensaban que era cosa del diablo, el religioso al entrar dijo que había cierta pesadez en el aire, se dispuso a bendecir mi recámara cuando, de la nada, alguna fuerza extraña lo empujó hacia atrás, desconcertado y lleno de miedo prefirió huir de mi casa y nunca volver a aparecer. Las siguientes noches fueron peores, cosas en mi recámara se movían, televisor, celular, juguetes, y aun seguían los gritos, para mi desgracia yo aun dormía ahí, mis padres pensaron que yo era lo que atraía esas cosas. Se movía mi cama aun conmigo encima, sentía cómo unas frías manos jalaban mis pies, me destapaban, yo estaba muerto de miedo. Una noche decidí ir al baño pues no podía dormir, salí de mi recámara y entré al baño, corrí pues no había luz, cuando salí del baño me quede petrificado. Había un ángel abajo de un traga luz que tenía cerca de mi cuarto, tenía vestidura blanca, encapuchado y unas enormes alas, él me daba la espalda, yo no fui capaz ni de mover un dedo, cuando decidió voltear a verme algo salió de mi recámara, era ese mismo minotauro que habían mencionado mis padres, simplemente decidió brincar hacia el ángel y destrozarlo por completo, no pude emitir ni un quejido, el impacto de la imagen del ángel destrozado me hizo perder la conciencia hasta que mi madre me encontró por la madrugada cuando despertó horrorizada al verme tirado en el suelo con el pecho rasgado por cuatro marcas de garras muy profundas. Rápidamente despertó a mi padre que al verme no dudó en llevarme al hospital para que cerraran mis heridas. Preocupados por mí, compraron rosarios, medallas, imágenes de santos y todo lo que pudiera estar relacionado con Dios, pero nada funcionó, al día siguiente aparecieron rotoso y desaparecieron cosas. Todo ello era por ese minotauro que siempre estaba conmigo, provocaba heridas en mi espalda y brazos, la última noche en esa casa antes de mudarnos, a la vista de mis padres y de algunos familiares, de mi recámara salió un niño blanco sin cabeza y empezó a escucharse un terrible llanto que provenía de ese niño decapitado y, cuando menos se esperaba, regresó a mi recámara para desaparecer debajo de la cama. Desde ese día esté en donde esté, el niño siempre solloza por la noche gritando porque el minotauro lo había matado y escondido en el infierno.
Tengo dieciocho años actualmente y por las noches intento calmar al niño para que pare de llorar y regrese debajo de mi cama junto al minotauro.